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Ondas de Choque

Ondas de Choque

Básicamente: energía cinética pura, las ondas de choque han probado ser una herramienta muy útil en la rehabilitación.

Antecedentes.

Comenzaron a utilizarse en 1980 para el tratamiento de cálculos en vías urinarias. A principios de la década de los 90 se aplicaron en el campo de la reumatología y traumatología (pseudoartrosis hipertróficas y tendinopatías crónicas) con resultados positivos.
Actualmente la terapia de ondas de choque extracorpórea se utiliza con mayor frecuencia en fisioterapia, ortopedia y medicina deportiva.
Las ondas de choque extracorpóreas son impulsos de presión mecánica de muy corta duración (5 microsegundos) y con una energía de 0,07 a 1,2 mJ/mm2. La onda de choque alcanza el valor máximo de intensidad en un tiempo muy breve (30 – 130 nanosegundos) y produce un gran cambio de presión, las amplitudes terapéuticas oscilan entre 10 MPa y 100 MPa.
Los generadores de ondas de choque consisten en una fuente de energía, un mecanismo de conversión, que convierte la energía inicial en mecánica y un sistema de focalización.
Las fuentes de energía más utilizadas son la electromagnética, la electrohidráulica y la piezoeléctrica. Con independencia de la fuente de energía inicial, el paciente siempre recibe una energía mecánica que producirá un cambio de presión en sus tejidos. Es necesaria, previamente, una ecografía o un control radiológico que determine con exactitud el punto de impacto de las ondas de choque.

En 1999 aparecen estudios sobre las ondas de choque generadas de forma neumática o balística. A diferencia de las anteriores ondas de choque, estas no son focalizadas y reciben el nombre de radiales, generándose con el impacto directo de un percutor sobre la piel, y su efecto terapéutico se produce a pocos centímetros de profundidad
respecto a la superficie de la piel (de 0 a 3,5 cm). Esta técnica no necesita de ecografía ni control radiológico.

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